El objeto de esta comparación es que se puedan apreciar los esfuerzos del antes y después, para que entendamos que en nuestro país, en nuestro México, siempre hay gente capacitada y dispuesta, que tiene el ingenio, que tiene la decisión necesaria para hacer que las cosas que muchos ojos percibían como imposibles, sean traídas a la realidad. Acompáñenos y compartan con nosotros de este viaje. EL OLVIDO NO NOS PERTENECE. Después de un buen tiempo de rodar entre montañas, curvas pronunciadas, pinares y neblinas esporádicas, decidimos parar a escasos kilómetros de la última población sinaloense, conocida como El Palmito, situado en las orillas de la vieja carretera. Mahatma.- Nos encontramos sobre la actual carretera vía libre, Mazatlán/ Durango. Una obra a todas luces muy difícil para su tiempo, e incluso para el actual. Háblenos un poco de ella. Max.-Generalmente, al testimoniar la construcción de una nueva obra, tal y como sucede con la actual, también denominada Mazatlán/Durango y considerando la tecnología disponible, es casi natural que no nos enfoquemos a las dificultades que los antiguos constructores de hace 60 años o más, tuvieron que afrontar a fin de dotarnos de una rúa como ésta, tan reconocida por quien la recorre, sobre todo por las dificultades que presenta, además por la belleza en términos del panorama que nos regala. Un ejemplo lo observamos en los cortes de las montañas que sugieren esfuerzos titánicos que tuvieron que ser desplegados por los trabajadores de la época. Otra cuestión que a veces pasamos por alto son los costos económicos. La nueva carretera que fue construida, debe estar cotizada en varios miles de millones de pesos; sin embargo, si estas interesado en conocer sobre el valor monetario de esta antigua vía, basta con consultar la placa alusiva colocada en el llamado espinazo del diablo y te darás cuenta que la inversión solo rebasó los 300 millones de pesos. Esta vía fue construida en el período de Don Adolfo López Mateos y que para las necesidades de la época, resultó ser una gran obra y sigue siendo una gran obra. No creo que vaya a ser abandonada por los conductores, sobre todo por razones de índole económico y porque ofrecerá una menor densidad de tráfico. Seguramente seguirá siendo utilizada y disfrutada por quien decida transitarla. Para ser justos, debemos de reconocer que, de alguna manera, le debemos un homenaje tanto a la rúa como a la gente que la construyó, que dejaron su vida en el intento de que muchos de nosotros pudiésemos tener un sitio por donde transitar libremente. Una sucesión interminable de puentes y túneles en la nueva carretera. Unos de los principales problemas que han tenido que solventar los diseñadores de esta obra, están entre los poblados del Batel y Santa Lucia; por causa del macizo montañoso que prácticamente obliga a los constructores a utilizar un número inusual de puentes y túneles en una larga sucesión que se antoja interminable.
Los túneles encuentran su “cereza del pastel”.
En el túnel llamado “Sinaloense”, toda vez que posee una perforación de 2.8 kilómetros, el cual se encuentra totalmente terminado en lo que la obra negra se refiere. Es interesante apuntar que paralelamente al túnel más largo que existe en el trazo, exista además una perforación de longitud idéntica, pero de menor diámetro que se denomina galería de escape. El objeto de esta perforación auxiliar, es establecer puntos de interconexión entre el túnel principal y la galería, a fin de tener una ruta de desfogue vehicular y de personas en caso de presentarse algún tipo de incidente en el trayecto del recorrido que impida a los vehículos continuar la circulación normal.

Otra de las cuestiones que se pasa por alto, es la obra complementaria que presenta un problema mayor, o semejante, es la de darle forma a la obra original. Nos referimos a los caminos de acceso que fueron necesarios implementar para poder llegar a los puntos de la obra. Esto adicionalmente, ha generado a lo largo del trazo, un gran número de puntos que pueden ser aprovechados para crear fuentes para el turismo extremo o ecológico; aportan además la posibilidad de ser convertidos en campamentos que, por la ubicación, pueden proporcionar vistas panorámicas del paisaje, que vienen a ser la envidia de los adeptos a las llamadas tarjetas postales o la fotografía recreativa.
EL CLIMA TAMBIEN ES UN RETO PARA CUMPLIR LOS PLAZOS PROMETIDOS.
Desde el inicio de la obra, hemos venido escuchando que las autoridades han fijado plazos de terminación que irremediablemente se han incumplido. Y observando en diversos sitios, los avances que presenta, se desconfía ahora el nuevo del plazo fijado para su terminación, que es el mes de septiembre u octubre del año en curso. Independientemente de que si se cumple el nuevo plazo o no, esto no demerita en nada el esfuerzo, el carácter, la creatividad y el tesón de los miles de trabajadores de todo el país que día a día acometen el reto para que, en un tiempo razonable, podamos disfrutar de una vía de comunicación de primer mundo. Y uno de los inconvenientes de mayor impacto, viene a ser el período de lluvias que ocurre en la parte serrana del Estado entre los meses de mayo y octubre, pues ellos ocasionan derrumbes y otras dificultades que hacen aún más difícil el cumplimiento de la tarea cotidiana.
DEL PUENTE ME DEVOLVÍ...
Nuestro punto de retorno y fin de la fiesta, es el puente Baluarte, que posee una estructura que ya es parte del orgullo nacional; vaya, hasta es presumido por muchos que aún ni siquiera lo conocen. Pero que en las palabras de Griselda Vázquez Ramírez, que se envuelve del orgullo, al comentarnos que ella está haciendo también su tarea, pues con su esfuerzo y sudor, aportó su granito de arena para que este inmenso puente acabara de nacer. Al ver el Baluarte, el asombro es la primera impresión que sentimos, porque se yergue en medio del viento serrano, sierreño, dirían los que le pertenecen a estos lares. Y no es para menos: son 1042 metros de longitud, sostenidos por siete soportes de concreto, en donde dos son los principales. Poseen una forma de “y” encontradas, de más de cien metros de altura y 32 mil metros cúbicos de buen concreto nacional. Estos soportes semejan dos enormes cromosomas que gritan su oficio masculino en el despliegue de una fortaleza que es capaz de retener 152 enormes tirantes de grueso acero, que en una levitación casi mágica, mantienen una loza de 520 metros de largo alzándose imponentes a 395 metros del nivel de un río que agradecido, fluye entre la fractura montañosa, por haber encontrado un compañero gestado en la cultura del esfuerzo de los hombres que se atreven. Es el puente Baluarte, nuestro puente, nuestro referente en el país y en el mundo, reafirma lo que algunos sospechábamos: la capacidad de un Estado y su gente para empeñarse en ser grande en medio del caos.
Y EL “DESPUÉS” QUE NUNCA SE AUSENTA.
Para Griselda Vázquez Ramírez, Francisco Javier, María Isabel Vázquez Vargas y muchísimas personas más, la obra les ofreció una oportunidad de trabajo única por algunos años. Y su satisfacción no se nota simplemente porque hayan encontrado una forma de vivir, sino que al ser parte de una obra tan importante para el desarrollo de la región, los hace sentirse especiales y no ocultan el orgullo que sienten de haber estado aquí desde el principio, de ser testigos vivientes del “no haber nada” a poder asombrase con el esfuerzo de cientos de personas que al igual que ellos, sienten la obra como parte de sí mismos. Pero también muestran una nostalgia adelantada, porque saben que pronto terminará y los obligará de nuevo a ir en busca del sustento a cualquier sitio en donde brote una nueva oportunidad. Sin embargo, no pierden la esperanza de que las autoridades sean sensibles a sus necesidades y les ayuden a abrir oportunidades que el propio proceso de la obra a través del trabajo paralelo que será necesario ejecutar una vez concluida. Y hablan de centros educativos o turísticos, pero también en la construcción de campamentos para las empresas, como TRADECO, por ejemplo, que aún mantiene al menos dos puntos del trazo. Y que bien utilizados, podrían ser la solución logística al problema ancestral de la educación para una zona de tan alta marginación.
AQUELLA QUE BARRE ABAJO SE LLAMA PANCHITA.
Mientras “acá arriba”, la actividad es febril, “allá abajo” - en Mazatlán,- las cosas parecen no tener la misma sincronía en términos del esfuerzo: es decir, no existe el trabajo necesario y complementario para que esta magna obra no sea simplemente una rúa de circulación vehicular. Todos, especialistas y legos, saben que el puerto necesita ser rediseñado y ampliado para que se construyan un mayor número de mulles que permitan el arribo de buques de gran calado para que el puerto sea autosuficiente en el proceso de carga y descarga de mercancías, ante el aumento sustancial del movimiento de contenedores que requerirán ser transportados desde Mazatlán a todos los rincones del mundo. En cuanto a los servicios propios de la ciudad, ni hablar de ellos. En esta materia se encuentra un serio desfase en relación a los tiempos de detonación por la supuesta afluencia comercial que generará la nueva vía. Los puertos secos, bodegas, vigilancia, centros aduanales, vías de comunicación rápida, libramientos, servicios básicos como agua potable, drenaje, seguridad, no se ven por ningún lado. La nueva rúa, en este sentido, sólo se sigue manejando como motivo de presunción, como logro conseguido, pero las obras complementarias siguen brillando por su ausencia y esto es muy grave. Lo que resulta incuestionable, es que esta obra conocida como corredor Mazatlán- Matamoros, nombre inadecuadamente por cierto, ha venido a reciclar con optimismo las esperanzas, hoy tan necesaria en estos momentos difíciles que actualmente tenemos como Municipio, como Estado, como País. Esperanzas que no le pertenecen solamente al gobierno, a los empresarios o a determinado número de gente, sino a todos por igual. Le pertenecen a la vida misma, por todo lo que se genere a partir de la Mazatlán/Durango. Ya veremos si este paseo por las nubes, nos permite mantener los ojos en el cielo, los pies en la tierra y los brazos en el trabajo.